El azul fue el último color que vio José López Masso.

Recuerda el interior de un taxi en Berlín. Las tonalidades azuladas que lo rodeaban en el hospital. Luego, el mundo descontrolándose, como una mezcla de pintura, hasta que no quedó nada.

López Masso quedó ciego repentinamente a los 32 años.

Ahora, más de dos décadas después, tiene esposa y una hija. Viaja en cruceros por todo el mundo. Bucea. Baila al ritmo de la música country en conciertos. Y trabaja en el Lighthouse of Broward, donde recauda fondos y enseña a otros que quedaron ciegos en la edad adulta a ser independientes, como él.

“No soy solo alguien que te da un papel, una carpeta, un folleto”, dijo López Masso, ahora de 59 años. “Puedo contarte lo que pasé”.

Diecisiete cirugías

Cuando López Masso perdió la vista, era un

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