Por CARLOS VALDEZ e ISABEL DEBRE

LA PAZ, Bolivia (AP) — A 4.000 metros de altura el viento helado que baja de la cordillera se siente como una navaja. Con temperaturas bajo cero en las madrugadas, el boliviano David García ha dormido dos noches en su camión a la vera de la carretera esperando cargar diésel para regresar a su pueblo.

“Hace mucho frío en las noches y no puedes prender la calefacción porque gastas diésel, pero hoy me toca cargar”, dijo el camionero de 32 años. El combustible no ha llegado y la fila de camiones es kilométrica en esa estación de servicio en las afueras de La Paz.

La escasez de combustible es el punto álgido de la crisis económica que golpea a los bolivianos, que hartos de los racionamientos y los precios disparados de los alimentos acudirán a votar el domi

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