El discurso anual del presidente de la Fed en Jackson Hole, Wyoming, puede ser una oportunidad para señalar cambios en la política monetaria. Powell lo utilizó con ese fin el año pasado y, poco después, anunció una importante rebaja. El presidente Donald Trump lo está presionando mucho para que repita la hazaña.

El problema es que los indicadores económicos clave no apuntan todos en esa dirección. Hace un par de semanas, cuando el último informe sobre el empleo reveló una caída en la contratación, los argumentos a favor de un recorte de las tasas parecían definitivos.

Luego se produjo el incremento más pronunciado de los precios al por mayor en Estados Unidos en tres años, lo que avivó la preocupación por la inflación provocada por los aranceles, que ha mantenido a los banqueros de la Fe

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