El derribo de construcciones ilegales del narcotráfico y las milicias paramilitares supuso un golpe de más de 300 millones de dólares en cinco años

Las operaciones se realizan por sorpresa. Al amanecer, decenas de funcionarios del ayuntamiento de Río de Janeiro escoltados por la policía se preparan para echar abajo construcciones ilegales. A veces son sencillas casas, otras, verdaderas mansiones, refugio de los capos del narcotráfico. Es un trabajo que se ha intensificado en los últimos años y que se ha convertido en una de las maneras más efectivas de golpear a las finanzas al crimen organizado . Desde 2021, la Secretaría de Orden Público de Río ha realizado 5.568 demoliciones de construcciones irregulares, de las que el 70% estaban en zonas dominadas por el narcotráfico o las milicias

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