Soltar el “por qué” y abrazar el “para qué”

Cuando la vida duele sin explicación

Hay momentos en los que la vida parece volverse contra nosotros. Una noticia inesperada, una pérdida que nos deja sin aire, una traición que descoloca lo que creíamos seguro. En esos momentos, hay una pregunta que se clava como aguja en la piel:

“¿Por qué a mí?”

A veces la pronunciamos en voz alta, desesperados por entender. Otras veces la llevamos callada, como una carga invisible que pesa en el pecho. Buscamos razones, culpables, consuelo. Queremos que algo tenga sentido. Pero no siempre lo tiene. Al menos no de inmediato.

Esa pregunta, tan humana como dolorosa, nos ancla al pasado. Nos hunde en lo que no pudimos evitar, en lo que ya no podemos cambiar. El “por qué” se convierte en un eco que rebota den

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