Marco Di Mauro llegó a México en 2010, con la maleta cargada de ilusiones, un contrato musical bajo el brazo y la certeza de que comenzaba una nueva etapa.
Lo que no imaginaba Marco Di Mauro era que, 15 años después, este país sería más que su lugar de trabajo: se convertiría en su hogar definitivo.
“México ya es como si fuera mi mamá... me lastima lo que le hace sufrir, me da alegría lo que le da oportunidades”, confiesa. La frase no es una metáfora ligera: la relación de Marco con la tierra mexicana es del corazón.
La historia del cantante en la Ciudad de México fue difícil al principio, las dimensiones de la urbe y el vértigo citadino intimidaron a un joven que no conocía a nadie: “Estaba en el hotel, caminaba una cuadra y regresaba... no sabía dónde ir”, recuerda entre risas. Poco a