“En el arte debemos caber todos”, me dijo el maestro José Ángel Luna Pedroza , director de la compañía Trashumantes Danza Contemporánea , mientras conversábamos en un camerino improvisado en la Casa de la Cultura de Calvillo, minutos después de una exitosa presentación de El viaje infinito en la plaza principal de ese municipio. Y tenía razón. Lo que presenciamos no fue sólo una obra dancística, fue una declaración profunda sobre la inclusión, la diversidad funcional y la potencia del arte para transformar percepciones.

Sobre el escenario, se tejió una danza valiente y conmovedora entre cuerpos que bailan desde distintas formas de experimentar el mundo: bailarines profesionales y personas ciegas compartiendo el mismo lenguaje, el del movimiento. No fue una “puesta inclusiva” para ap

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