La mujer maneja su vehículo a gran velocidad. Estaciona, baja y camina presurosa por el largo pasillo. El sonido seco de sus tacones retumba mientras se dirige al salón de clases donde la espera la maestra de su hijo, quien tiene la encomienda de que nada se salga de control sin tener las herramientas para conseguirlo. Algo grave ha ocurrido. Y aunque no sabe qué, a Elisabeth se le nota la urgencia. Ha tratado de contactar a alguien sin éxito.
“Realmente quería que se sintiera poderosa pero también ruidosa –dice en entrevista con Forbes Halfdan Ullmann Tøndel, director de la película Armand en la que aparece esta escena–. Podías sentir que hay algo atractivo en ella por la forma en que camina y el poder en la forma en que camina. Pero también hay algo perturbador. Trabajo con esas con