Era una mañana de primavera normal para J. y su familia. Eso fue hasta que uno de sus hijos irrumpió en la habitación presa del pánico. Agentes de inmigración enmascarados acababan de detener a su esposo justo afuera de su casa en el oeste de Massachusetts.
“Mamá, date prisa,” recordó J. que le dijo su hijo. “Lo tiraron al suelo y se le echaron encima.”
Era una posibilidad que J. y su familia conocían, dado que su esposo es un inmigrante indocumentado de México. Dos días antes, ellos habían hablado sobre qué harían si el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, siglas en inglés) lo arrestaba. Pero ella nunca imaginó que ICE lo detendría en la calle mientras caminaba hacia el auto con su hijo para llevarlo a la escuela.
Mientras ella salía corriendo, J. vio a los agentes rodean