Por: JUAN JOSÉ ROMERO •
La academia mexicana arrastra un mal que la corroe desde dentro: la endogamia. Lo que alguna vez se pensó como autonomía para defender a las universidades del poder político derivó, en numerosos casos, en un sistema cerrado donde rectores, directores generales o presidentes y cuerpos colegiados se eligen, se suceden y se protegen entre sí. Un espacio crítico se volvió sumiso.
El rector o director rara vez llega con libertad. Desde el inicio se le impone no incomodar a los grupos que lo llevaron al cargo. Quien los desafía enfrenta aislamiento, desprestigio o destitución.
En varias universidades estatales, la endogamia devino cacicazgo. Familias dominan plazas y convierten la institución en botín político. Incluso las instituciones más prestigiadas no están exen