Año 1913: un chico llega a un sanatorio de tuberculosos en las montañas de la Baja Silesia. Allí hay jerarquías y, por ejemplo, los que no tienen mucho dinero –como él– o están en lista de espera, se alojan en una modesta pensión para caballeros en el pueblo. La novela muestra las relaciones que se van tejiendo entre los enfermos (en especial, en un grupo de hombres más bien cultos), con apariciones de los médicos, el personal de servicio y algún familiar o vecino. La rutina son comidas, paseos, siestas y charlas. Las encendidas conversaciones destilan aquella majestuosa cultura de la vieja Europa, las grandes corrientes del pensamiento y la literatura, pero también misoginia y violencia, con la inminente primera guerra mundial enseñando sus patitas. La fiebre del amor que surge entre algu
Olga Tokarczuk: “La biblioteca de mis padres me descubrió de adolescente un mundo patriarcal”
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