Sin un marco regulatorio que obligue a las empresas a cumplir estándares ambientales y sociales, lo verde seguirá siendo terreno fértil para la impunidad corporativa.

Jessika Slovik

El discurso de la transición energética suena impecable: autos eléctricos, baterías recargables y promesas de un futuro “limpio”. Pero detrás de esta narrativa optimista hay una cara incómoda que rara vez aparece en foros empresariales o en cumbres internacionales: la del extractivismo disfrazado de verde. Publicidad

La competencia por minerales críticos como litio, cobalto o tierras raras ha abierto un nuevo capítulo en la geopolítica mundial. Los países del Norte aceleran licencias mineras, firman tratados y se blindan frente a la dependencia de China, que concentra más del 70% de la producción y procesam

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