El filme «La grazie», de Paolo Sorrentino, una fábula mordaz y ácida sobre el poder y la ética, inauguró el Festival de Venecia, al tiempo que manifestantes exigieron un alto a la guerra en Palestina

–Una Muestra afectada por el conflicto en la Franja de Gaza, con el ojo de toda Europa puesto en la política y en los dilemas éticos que conlleva el poder.

Con este marco, la película «La grazia» (La gracia) de Sorrentino no podría ser más acertada para comenzar las discusiones. Paolo suele encontrar su mejor estado cuando se trata de mirar a la cúpula.

Su visión crítica y ácida a la vez hizo que el retrato de un hombre que, con cada decisión, es capaz de mover las manecillas de la sociedad, calara en el clima que se respira en la isla del Lido, donde ayer arrancó el Festival de Venecia.

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