Desde una Casa Blanca bañada en oro hasta una grandiosa remodelación de la capital, Washington, Donald Trump quiere dejar una huella arquitectónica como ningún otro presidente estadounidense lo ha intentado en décadas.
«Soy bueno construyendo cosas», declaró el magnate inmobiliario a principios de mes al anunciar quizás el proyecto más grande de todos: un enorme salón de baile de 200 millones de dólares en la mansión ejecutiva de Estados Unidos.
Trump amasó su fortuna desarrollando deslumbrantes hoteles y casinos que llevan su nombre.
Sus críticos afirman que el estilo que el mandatario republicano le ha dado a la Casa Blanca en su segunda presidencia tiene el mismo aire ostentoso.
Partes de ella ahora se asemejan a su resort de Mar-a-Lago, en el estado de Florida, en particular el rec