Ciudad de México.- El hecho de vivir fuera de la Ciudad de México me libra de conocer en forma personal a especímenes tales como el tal Alito y el tal Fernández Noroña. Bajunos ejemplares son los dos, pedestres individuos sin barniz alguno de civilidad. La riña tabernaria que protagonizaron en el recinto del Senado no añade nada a su desprestigio, lleno ya hasta los bordes, pero es un motivo más para que nuestro país sea objeto de desdén y burlas en el exterior. Culpables son ambos de este vergonzoso episodio que los denigra y rebaja por igual. Noroña es responsable de lo sucedido por su manejo parcial y prepotente del debate camaral. Y a Moreno se le ha de reprochar su conducta agresiva, propia más de un ebrio que de un legislador. ¿Políticos los que participaron en ese pleito de cantina?

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