Durante décadas, la figura de Guillermo Hernández, mejor conocido como “El Lobo Negro”, fue reconocida en la lucha libre mexicana por su papel de rudo implacable, temido y dominante. Su presencia imponía respeto, su llave “la lobezna” aterraba a los contrincantes, y su energía feroz lo convirtió en un ícono del cuadrilátero.
Sin embargo, detrás de ese personaje temido por el público, existía un hombre profundamente creativo, un intelectual autodidacta, actor versátil y guionista prolífico cuya obra y sensibilidad han sido históricamente subestimadas. A más de tres décadas de su fallecimiento, su legado exige ser revisitado y contado con justicia.
DE OAXACA AL CUADRILÁTERO: EL ASCENSO DE UN PERSONAJE DE LEYENDA
Nacido en Oaxaca en 1917, Guillermo Hernández se mudó desde joven a la Ciudad