Erdogan busca revivir las viejas glorias del Imperio Otomano, pero ve a Israel como amenaza. (Diseño: Bernardo Morato)
Recep Tayyip Erdogan se presenta cada vez más como el heredero contemporáneo del Imperio Otomano, fusionando el nacionalismo turco con el islamismo en un proyecto neo-otomano que desafía el legado secular de la Turquía. Desde que asumió el poder en 2003, primero como primer ministro y luego como presidente, Erdogan ha concentrado el poder interno: ha acallado a opositores, purgado al ejército y cooptado a la prensa. Con esa base autoritaria, ahora busca proyectar la influencia de Turquía más allá de sus fronteras, inspirándose en la gloria otomana que muchos turcos —incluso sectores laicos— ven con nostalgia.
Esa visión supone revertir el rumbo establecido por Mustafa K