No hizo falta escuchar los llantos en voz alta. Ver el video tan crudo del apuñalamiento del estudiante en Maryvale fue ensordecedor para todos los sentidos. La primera vez, lo vi en cámara rápida: un adolescente empuña algo y lo entierra con saña en un bulto que apenas se reconoce… era el cuerpo de otro joven tirado en la esquina de un salón de clases.

Se me revolvió el estómago. Deseé no haberlo visto.

Luego llegaron más imágenes tan crudas y violentas como en ese momento en el que sabes que el alma se le escapa a alguien.

Ahogué un grito, como muchos otros que supongo se camuflaron con el sonido de las sirenas.

Las cintas amarillas de la escena del crimen rodearon la preparatoria y se vaciaron los salones. Afuera, los que sobrevivieron y los padres angustiados por la noticia; adentr

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