Esta semana nos dejó un sabor agridulce en los mercados de valores. Por un lado, el entusiasmo desbordante de los inversores llevó al S&P 500 y a otros índices a alcanzar nuevos máximos históricos. El rugido de la codicia parecía sonar más fuerte que nunca, impulsado por una temporada de ganancias corporativas que, en general, ha superado las expectativas. Sin embargo, como bien saben, la fiesta no puede durar para siempre. El viernes, la realidad golpeó la puerta y los inversores decidieron tomar ganancias, lo que llevó a un cierre a la baja. Una jugada lógica y, en cierto modo, necesaria.
El S&P 500, a pesar de este pequeño traspié, demostró una resiliencia envidiable al cerrar su cuarto mes consecutivo de ganancias. Este es un dato que no podemos ignorar. Nos habla de una tendencia