Humberto Oropeza: El último mohicano, por Alexander Cambero
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El béisbol seguía siendo el alma deportiva del torrense. La rivalidad crecía en los barrios en donde el frenesí se manifestaba en el amor por los colores. Emocionantes encuentros que marcaban una forma de vivir. El cinco de noviembre de 1942, el inquieto Medardo Oviedo y Amabilis Silva fundan a los cardenales en homenaje al pequeño pájaro rojo que eterniza su canto en la proeza.
Curiosamente, en ese mismo año nacería un hombre destinado a encumbrar a la actividad por encima de las vicisitudes y hacer del pasatiempo del venezolano una obra de arte de los sentimientos: Humberto Oropeza Mascareño en su primer grito terreno, se hizo voz de béisbol. Una historia de polvaredas en donde el viento devolvía la pelota