Viajo a 120 km/h por una autopista pero entre el ruido, el ligero dolor de cabeza y lo pegado que voy al suelo, siento ir más deprisa. No necesito ir más deprisa, estamos bien como estamos. Queda poco para llegar. Apenas unos kilómetros para tomar el desvío a la derecha y apartarnos un momento en el primer pueblo de la sierra madrileña que se nos presenta.

Es verano. Todavía. No ha caído el sol del todo pero ya han hecho su aparición esos días de declive estival. De tardes algo perezosas. Días en los que la puesta de sol parece haberse comido un cuarto de hora al día anterior. De agradable fresco después de un agosto verdaderamente infernal.

Por eso me paro a un lado y dejo apretado el botón de la consola central. Me desperezo como se despereza este Mazda MX-5 cuando aparta su techo retr

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