En un sótano del Parque de Investigación Biomédica de Barcelona, entre nubes de nitrógeno líquido, se guarda un tesoro de valor incalculable: un arca de Noé del siglo XXI. No contiene parejas de animales, sino miles de pequeños tubos a -196 °C que conservan la vida. Es el CryoZoo , un biobanco pionero que almacena líneas celulares de cientos de especies, muchas de ellas al borde de la extinción.
No es un logro, sino una advertencia. Al frente de esta iniciativa está el reputado biólogo molecular Tomàs Marquès-Bonet, uno de los mayores expertos mundiales en genómica de grandes mundos. Tal y como ha recogido El Mundo, este proyecto no es un gran logro , sino un recurso de último uso en el caso de que las principales especies de nuestro planeta se extingan. Lo explica así el propio in