En un proceso de mediación, a veces nos damos cuenta que, como bien lo leí en un decálogo sobre este proceso, la víctima no siempre es la víctima.

No al menos al cien por ciento.

Digamos que llegas con uno y le cuentas una historia – una historia conyugal, por ejemplo- y escuchando nada más su versión, sin conocer aún la de la otra parte, dan ganas de ir por esta última y quemarla con leña verde, para que el humo la haga llorar.

Pero ya que tienes ambas versiones, con evidencias de por medio, las confrontas, las tasas y siendo objetivo, desprovisto de taras y prejuicios, de compromisos ideológicos o alianzas de genero- y degenero – llegas a la conclusión de que alguien contó medias verdades o contó una historia a su conveniencia, tratando de chantajear a su interlocutor y aquel, ese a q

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