La gente no es cosa, hay quienes trabajan para convertir una persona en cosa y millones de personas en mercancía. La gente no tiene valor de cambio, no hay dinero en el mundo para comprar una persona: a menos que sea una cosa. El paso de la esclavitud al respeto de la dignidad humana es el entierro, al menos por un tiempo, de la concepción de cosa que el supremacismo tuvo sobre la gente. El retorno del esclavismo moderno es hacer rebaños de gente que es tratada como mercancía por toda la información que le han extraído las redes mal llamadas sociales.
Las cosas no son gente. El atributo humano no es posible cederlo a las cosas. Cuando las máquinas son «inteligentes» o «sensibles» tienen atributos que son humanos, pero esas cosas (las máquinas) no son seres humanos. El «amor» que se siente

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