Desde los primeros días de su pontificado, León XIV insiste en una idea: “Jesús no es un superhéroe”. El Papa lo repitió también ayer, quizá en uno de los lugares más adecuados para hacerlo: Nicea. Allí donde hoy afloran los restos de la antigua basílica de San Neófito, a orillas de un lago en la provincia turca de Bursa, en el año 325 se celebró un concilio destinado a aclarar la naturaleza de Cristo y fijar, por así decirlo, la doctrina común. Al final, funcionó: 1.700 años después, lo único que une a todos los cristianos es precisamente lo que salió de aquel encuentro, el Credo, basado en la naturaleza divina de Jesús.

La cristiandad, tal y como la conocemos, nació frente a este lago, que toma el nombre de Iznik, una ciudad de 45.000 habitantes que en los últimos años ha decidido recup

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