Encontrar planes que despierten el interés de los más pequeños en ocasiones no es tan sencillo; más allá de pasear por el centro o visitar monumentos, muchas ciudades ofrecen propuestas que se adecúan a ellos

Erik Harley y la disparatada España de las rotondas: “Hemos decorado nuestras ciudades con demasiada alegría”

Viajar con niños cambia la manera de ver una ciudad. De repente, ya no basta con recorrer el centro histórico, marcar en el mapa los monumentos imprescindibles y comer algo rico. Hace falta encontrar planes que les mantengan despiertos, que les sorprendan y que, si es posible, además les enseñen algo nuevo. Porque cuando ellos disfrutan, el viaje funciona. Y cuando no, todos sabemos cómo acaba el día.

Hay ciudades que lo ponen muy fácil. Espacios interactivos, museos pensados para tocar y experimentar, parques enormes donde quemar energía, recorridos adaptados y actividades que convierten la visita en algo más que una caminata con paradas. Son esos planes que, como padres, agradecemos porque encajan en el ritmo de los pequeños y evitan las típicas negociaciones interminables sobre cuánto queda para terminar.

Por eso hemos hecho esta selección de siete ciudades que destacan especialmente por su oferta para niños y adultos: A Coruña, València, Zaragoza, Granada, Málaga, Segovia y Donostia. En cada una encontramos experiencias muy diferentes, desde museos de ciencia hasta castillos de cuento o parques llenos de diversión, y aquí reunimos las más interesantes para que puedas aprovechar la visita desde el primer día.

A Coruña

Viajar en familia a A Coruña suele funcionar porque es una ciudad que entiende muy bien el papel del juego y la ciencia como herramientas para aprender. La Domus es un buen ejemplo. Se trata de un museo completamente interactivo que se centra en el ser humano, pensado para tocar, experimentar y seguir el ritmo de la curiosidad infantil. Allí pueden jugar con su propia sombra, comprobar cómo funcionan los reflejos o explorar exposiciones dedicadas al cerebro, la nutrición o la evolución humana.

La Casa de las Ciencias completa esa experiencia porque está hecha para que los niños entren y prueben cosas sin necesidad de preguntar. Entre los módulos de física, las exposiciones de astronomía y el planetario, es fácil pasar una mañana entera sin que decaiga el interés. Además, el palacete está dentro del Parque de Santa Margarita, que invita a seguir la visita al aire libre.

En un recorrido en familia por A Coruña no puede faltar la Torre de Hércules. Subir sus escalones no siempre es apto para todos, pero observar el faro romano más antiguo en funcionamiento y descubrir el pequeño museo y el yacimiento arqueológico que lo rodea suele ser suficiente para que los niños sientan que han estado en un lugar especial.

València

En València, lo difícil no es encontrar planes para niños, sino elegir por dónde empezar. La Ciudad de las Artes y las Ciencias ofrece varios espacios que funcionan muy bien cuando se viaja en familia. El Oceanogràfic, por ejemplo, impresiona a cualquier edad por su variedad de especies. Mientras que el Hemisfèric también suele gustar gracias a sus películas inmersivas, perfectas para mantener la atención.

El Museu de les Ciències es uno de esos lugares donde basta con dejar que los niños se acerquen al primer módulo interactivo para que empiece la visita. Todo está pensado para aprender tocando y los talleres suelen ser un buen complemento si se quiere alargar el plan. Cuando apetece aire libre, el Jardín del Turia es el recurso más fácil y agradecido. Es un parque enorme, cómodo para caminar o pedalear, con espacios para jugar y con un clásico que nunca falla: el parque Gulliver, ese gigante tumbado lleno de toboganes por el que se sube y se baja sin parar.

Para cerrar el día, un plan que convierte automáticamente el viaje en un recuerdo: una horchata con fartons. Tan sencillo como eso.

Zaragoza

Zaragoza tiene varios museos que conectan muy bien con los niños y el Museo del Fuego y de los Bomberos suele ser uno que nunca defrauda. Aquí no solo ven camiones antiguos, uniformes o herramientas, también entienden cómo ha cambiado el trabajo de los bomberos y qué hacer ante un incendio gracias a un audiovisual pensado para ellos.

Muy cerca está la Escuela Museo Origami (EMOZ), un lugar sorprendente incluso para los adultos. La papiroflexia puede parecer algo sencillo, pero cuando ven figuras complejísimas de maestros internacionales, el interés sube de inmediato. Las exposiciones cambian con frecuencia y los talleres infantiles suelen ser un éxito.

Para un plan más tranquilo, el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza combina fósiles, animales naturalizados y piezas históricas que explican cómo ha evolucionado la vida en la Tierra. Es un museo sencillo de recorrer, lo cual suele ser una buena noticia cuando se viaja con niños que se cansan rápido.

Granada

Granada ofrece dos caras muy claras cuando se viaja con niños: ciencia y patrimonio. El Parque de las Ciencias es probablemente uno de los museos interactivos más completos del país, con espacios dedicados a física, biología, robótica o astronomía. El Biodomo, los exteriores llenos de juegos científicos, el mariposario o el planetario suenan muy bien en un día con niños.

La Alhambra, por su parte, necesita otro tipo de visita cuando se va con niños. Las visitas guiadas para familias son muy útiles porque plantean recorridos más dinámicos, explicaciones adaptadas y temas que les resultan cercanos, como el uso del agua, los colores o las torres y murallas. Eso sí, solo se llevan a cabo los sábados y domingos por la mañana.

Si la escapada coincide con buen tiempo, un salto a Sierra Nevada puede añadir un plan diferente. En invierno, la nieve y las actividades de iniciación al esquí funcionan muy bien con niños pequeños, mientras que en verano la montaña se llena de senderos sencillos.

Málaga

En Málaga, el Museo Interactivo de la Música de Málaga (MIMMA) suele convertirse en el plan favorito de los niños porque rompe la dinámica clásica de los museos. Aquí se toca, se prueba y se experimenta con instrumentos musicales de todo el mundo. Los espacios están preparados para que cada uno explore a su ritmo y los talleres familiares son habituales.

A pocos kilómetros del centro, el Aeromuseo ofrece otro tipo de experiencia, también muy práctica. Los niños pueden entrar en cabinas reales de aviones, mover hélices, descubrir cómo funcionan las cajas negras o subir a una antigua torre de control. La entrada es gratuita y los voluntarios explican las partes más curiosas del recorrido, lo que facilita que los más pequeños mantengan la atención.

El Museo Automovilístico y de la Moda añade una propuesta más visual, con coches de distintas épocas y salas temáticas que llaman la atención por sus colores y formas. Y si queda tiempo, el Teatro Romano, a los pies de la Alcazaba, permite conocer un espacio histórico para añadir un poco de patrimonio a nuestra visita.

Segovia

Segovia es una ciudad muy cómoda para visitar en familia porque las distancias son cortas y los puntos de interés están claros. El Acueducto impresiona desde cualquier ángulo y suele ser un buen punto de partida para despertar preguntas sobre cómo se construían estas obras y para qué servían.

El Alcázar de Segovia es otro de los grandes momentos de la visita. La idea de entrar en ‘un castillo que podría haber salido de un cuento’ siempre convence a los más pequeños, y en él encontrarán torres, salas decoradas, armaduras y un recorrido lleno de curiosidades de otra época. Quien se anime puede subir a la torre, aunque conviene avisar de que la escalera es exigente.

No muy lejos, la Real Fábrica de Cristales de La Granja es un plan que sorprende más de lo que parece. Las demostraciones de vidrio soplado permiten ver cómo se transforma el material incandescente en piezas de todo tipo. Y aunque sea solo de pasada, merece acercarse a la Casa de la Moneda, un espacio histórico restaurado donde se explica cómo funcionaban los antiguos sistemas de acuñación.