El universo de lujo tiene piezas que desafían al tiempo, a la historia y a cualquier parámetro de valor. Una de ellas es el mítico huevo de invierno de Fabergé, una joya imperial cuyo recorrido cuenta tanto sobre la opulencia como sobre la tragedia.
Esta excepcional pieza, encargada en 1913 por Nicolás II, el último zar de Rusia, para su madre la emperatriz María Fiódorovna, será subastada en Londres con un precio estimado que supera los 26 millones de dólares. Su rareza, su técnica y su supervivencia a guerras, revoluciones y décadas en paradero desconocido lo han convertido en uno de los Fabergé más codiciados del mundo.
Un tesoro imperial con más de un siglo de historia
Los huevos Fabergé son sinónimos de exquisitez; la casa creó únicamente 50 piezas para la familia imperial rusa, re

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