Habla sin gesticular. Se mueve en silencio. No porque sea tímido, sino porque su presencia pública siempre ha sido medida y controlada. Mark Zuckerberg ya no es aquel estudiante de Harvard que aspiraba a «conectar a las personas». Es hoy el director ejecutivo de Meta, la empresa que agrupa a Facebook, Instagram y WhatsApp: un conglomerado que organiza buena parte de la comunicación global. Del joven de 19 años que programaba en la habitación H33 queda la mirada fija en el código. Del niño de Dobbs Ferry (Nueva York), junto al Hudson, queda la fascinación por convertir la vida humana en datos. Lo que empezó como una red universitaria se ha transformado en una estructura privada con un alcance superior al de muchos Estados. Desde su 'búnker' de once casas en California -un complejo cerrado c

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