Tras desaparecer de los escenarios y regresar rejuvenecido, anoche le llegó la hora a Antonio Orozco de presentarse en casa, en el Palau Sant Jordi. Desde el exterior del recinto pueden verse a lo lejos las calles de la Florida, el barrio de l’Hospitalet de Llobregat que vio nacer a este músico de larga trayectoria, y desde donde él miraba a Montjuïc soñando con tocar un día donde lo hizo anoche: un cuarto de siglo que celebra advirtiendo que el tiempo no es oro, como reza el título de su último álbum.

“¡Ay! Si el oro, tiempo fuere”, cantó Orozco con alegre lamento para iniciar la velada ante 16.000 fieles en la primera de sus dos noches en el Sant Jordi, cúspide de una gira que le ha devuelto la inspiración. Así lo demostró interpretando siete de la docena de temas de su nuevo disco, inc

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