Los psicólogos conocen bien los trastornos de disociación y de desrealización. Se trata de mecanismos de defensa mental que nos impulsan a negar la realidad porque la consideramos engañosa o falsa o manipulada por alguien que nos quiere hacer daño. Y cuando somos conscientes de un dolor o una pérdida o un problema grave que nos acecha, no queremos aceptar lo que sabemos que nos resulta demasiado doloroso o demasiado perjudicial. Y ahora mismo, esa percepción dislocada de la realidad estará asaltando a Pedro Sánchez en sus frenéticos vagabundeos por el laberinto de la Moncloa. Lo imagino hablando solo por los pasillos, gritando a los cuadros que penden de las paredes, dando vueltas erráticas por el jardín y correteando sin parar por los despachos desiertos. Pobre hombre, qué calvario estará

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