Por Andrés Tejeda (NODO)

El dicho dice: “Cada familia es un mundo”, en alusión a que cada familia resuelve los temas cotidianos a su manera. Pero ¿qué pasa cuando esa familia, además, conforma una empresa?

En Argentina, ocho de cada diez PyMEs son empresas familiares. Son el motor de nuestra economía: generan empleo, sostienen comunidades enteras y transmiten valores que atraviesan generaciones. Sin embargo, detrás de esa relevancia también se esconden tensiones estructurales que ponen en riesgo su continuidad. De hecho, solo una de cada tres logra superar la segunda generación, y casi el 60% no tiene definido cómo será el traspaso generacional.

A diferencia de las corporaciones o las startups, que desde el inicio diseñan estructuras profesionalizadas, definen roles claros y se apoyan

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