Descanso en el parque, por Marcial Fonseca

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Paseaba tranquilamente por entre la arboleda, aunque en verdad lo que hacía era pensar que se le acercaba la hora de retirarse. Ya frisaba los setenta y ocho años, de los cuales cincuenta y cinco fueron dedicados a la parroquia de su pueblo natal.

Se sentó en un banco a recordar su vida. Desde cinco años de edad tuvo contactos con el mundo religioso gracias a una tía que se lo llevaba como acompañante a la misa dominical. Él quedó encantado, rápidamente supo cómo seguir todo el ritual, además de que se sentía muy bien asistiendo en la eucaristía.

Una vez vio a unos niños que sobresalían por lo pulcro de su vestimenta. Le preguntó a la tía por qué vestían así, ella le explicó que eran primeros comulgantes; luego, por supu

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