Pequeña crónica diaria de un médico católico, por Gustavo J. Villasmil Prieto
X: @Gvillasmil99
Amanece y me preparo para la jornada haciendo un poco de oración. Orar es ponerse uno en presencia de Dios. Juntar las manos cada mañana glosando un rezo no es para mí un gesto rutinario; es el recordatorio diario de que mi oficio no se reduce a una operación técnica, sino que entraña el desafío cotidiano contra lo peor del mundo: el dolor.
Estos treinta y pico años de ejercicio han sido un encuentro frontal y «a mano pelada» con ese hierro candente que es el misterio del dolor humano; años en los que la pregunta aquella de Leibniz, la de la Teodicea , me ha golpeado en la cabeza cada día cuan el más tenaz de los martillos: «si Dios es bueno, ¿por qué lo permite?». En un tiempo marcado por

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