Por: Rafael Rojas 29/11/2025 07:18:00

Un viejo imaginario monárquico atribuye a los reyes todo tipo de poderes, desde los más contundentes, ligados al ejercicio de la fuerza, hasta los más sublimes, asociados a la indulgencia, la curación o la redención. Esas antiguas creencias, descritas por Marc Bloch en Los reyes taumaturgos (1924), de gran arraigo todavía en el siglo XXI, se manifestaron en todas las dictaduras latinoamericanas.

La novela de dictadores ofrece múltiples ejemplos. En Yo el Supremo (1974) de Augusto Roa Bastos, el dictador, inspirado en Gaspar Rodríguez de Francia, el caudillo paraguayo del siglo XIX, es un jurista, teólogo y filósofo, que diagnostica las enfermedades de su pueblo. Como curandero nacional, el dictador debía manejarse con soltura en varios saber

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