El cierre reciente de la planta de lavarropas de Whirlpool en Pilar, que había sido inaugurada hace apenas tres años, y el despido de 220 empleados, volvió a poner en evidencia la compleja situación que atraviesa la industria local argentina. Esta decisión se da en un contexto donde el tipo de cambio es considerado “atrasado” por empresarios y economistas, y con una política de apertura comercial que busca frenar la inflación y bajar los precios domésticos.
Desde Whirlpool explicaron que la compañía se enfocará exclusivamente en la importación de lavarropas, una estrategia similar a la adoptada en 2003 cuando cerraron la planta de heladeras en San Luis. La decisión fue impulsada desde la filial brasileña, que supervisa las operaciones argentinas, señalando que el negocio local no resultó

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