Cristóbal Colón emprendió su viaje hacia el occidente con el apoyo directo de los Reyes Católicos. La Corona de Castilla le concedió capitulaciones que le garantizaban títulos, privilegios y una participación en las riquezas que hallara. El proyecto había sido rechazado en Portugal y Génova, pero Isabel de Castilla aceptó financiarlo tras la toma de Granada en 1492.
La expedición se organizó con tres naves, la Santa María, la Pinta y la Niña, tripuladas por unos 90 hombres. Colón zarpó del puerto de Palos el 3 de agosto y, después de dos meses de navegación por el Atlántico, alcanzó tierras del Caribe creyendo haber llegado a Asia. El viaje consolidó su prestigio ante la Corona y abrió el proceso de conquista y colonización que transformó el mundo conocido .
Un manuscrito medieval anticipó la existencia de tierras al otro lado del mar
El hallazgo documental más relevante sobre los antecedentes de ese viaje procede de un manuscrito medieval escrito más de un siglo antes . El fraile milanés Galvaneus Flamma incluyó en su Cronica universalis una descripción de un territorio occidental llamado Marckalada , identificado por los investigadores como una referencia a América. El estudio, dirigido por Paolo Chiesa en la Universidad de Milán y publicado en 2024, confirmó que el texto de 1345 es la primera mención mediterránea de un continente situado al otro lado del océano .
Las investigaciones arqueológicas y genéticas de los últimos años han consolidado la existencia de contactos nórdicos con América siglos antes del viaje de Colón. Los restos hallados en L’Anse aux Meadows, en Terranova, demuestran que los vikingos establecieron asentamientos en torno al año 999. Análisis posteriores de madera y ADN de marfil de morsa revelaron una red comercial que conectaba las costas de Norteamérica con los mercados europeos, impulsada por la demanda de materiales exóticos en los puertos del norte y del Mediterráneo.

El relato de Galvaneus Flamma detalla un itinerario sorprendentemente preciso. El fraile situó al norte un océano con numerosas islas donde abundaban halcones peregrinos y gaviotas árticas. Explicó que los navegantes de Dinamarca y Noruega hablaban de Islandia , de una tierra llamada Grolandia y, más allá, de otra región denominada Marckalada. En ese territorio, escribió, vivían gigantes, crecían árboles verdes y habitaban animales y aves en abundancia. Describió a los pobladores de las tierras frías como gentes que subsistían de leche, carne y pescado , con viviendas subterráneas para protegerse del clima y de las fieras.
Las conexiones entre Génova y los relatos del norte alimentaron la curiosidad de Colón
El estudio de Paolo Chiesa documentó que estas referencias procedían probablemente de testimonios orales escuchados en Génova , donde Galvaneus estudió su doctorado. Según el investigador, la crónica demuestra la circulación de relatos sobre tierras más allá de Groenlandia entre los intelectuales del Mediterráneo, al menos 150 años antes de la partida de Colón. El manuscrito atribuye al fraile una conciencia geográfica extraordinaria para su tiempo y ofrece una prueba de que las noticias sobre América se transmitían por rutas comerciales y marítimas mucho antes de 1492.
La posibilidad de que Colón conociera esas referencias ha sido objeto de debate. Como genovés, pudo tener acceso a relatos procedentes de navegantes nórdicos que pasaban por los puertos italianos. El hecho de que un fraile milanés describiera con tanto detalle las regiones árticas y occidentales sugiere que esas historias circulaban en medios cultos del norte de Italia . Aunque no existen pruebas directas de que Colón leyera la Cronica universalis , las coincidencias entre su origen y el foco geográfico del manuscrit o abren una línea de investigación sobre la transmisión del conocimiento marítimo anterior a su expedición .
El recuerdo de los viajes vikingos y de las descripciones medievales de Marckalada sitúa el viaje de 1492 dentro de una tradición de exploraciones más extensa de lo que se creía. La Europa del siglo XIV ya manejaba rumores sobre tierras occidentales, y la ciencia del siglo XXI ha confirmado que esas historias se apoyaban en hechos.
El proyecto de Colón, alentado por la ambición de la Corona y la curiosidad científica de su tiempo, culminó una cadena de hallazgos que se había iniciado mucho antes, en los puertos donde los marineros del norte y los eruditos italianos compartían noticias del otro lado del océano.

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