Pekín ha decidido que la geografía ya no es un impedimento estático, sino una variable que puede manipular a su antojo en el tablero de ajedrez del Pacífico. La estrategia del gigante asiático para dominar los océanos ha dado un giro copernicano: ya no se conforman con ganar terreno al mar mediante el dragado de arena para crear islotes fijos. Ahora, la apuesta es construir fortalezas móviles, capaces de redefinir las fronteras marítimas y otorgar a su armada una flexibilidad táctica sin precedentes en zonas de alta tensión geopolítica. Al eliminar la dependencia de un anclaje fijo, China se asegura una capacidad de reacción inmediata ante cualquier conflicto.

En este sentido, la ingeniería detrás de este proyecto busca domar las condiciones más hostiles que ofrece la naturaleza en alta

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