Son vastamente conocidas, al menos para algunos lectores y para algunos melómanos, las relaciones entre la música de jazz y la literatura. En Argentina, desde que Cortázar publicó el cuento El Perseguidor (Las Armas secretas – 1959), inspirado en la tortuosa vida del saxofonista Charlie Parker, el creador del jazz moderno, se fueron desgranando, con el tiempo, otras delicias como ser las irrupciones de El Club de la serpiente (en la novela Rayuela de 1963), en el que un grupo de fanáticos del género se juntan a escuchar y discutir sobre discos de jazz.

Más adelante, aparecen los relatos de ‘La vuelta al día en ochenta mundos’, donde Cortázar rinde culto a Louis Armstrong (Louis, enormísimo cronopio), recuerda emotivamente a Clifford Brown (Clifford), el talentoso trompetista fallecido en

See Full Page