El barrio Oliver de Zaragoza creció en los años veinte del siglo pasado con la llegada de los aragoneses que se veían obligados a abandonar el campo para buscar trabajo en la industria de la capital. Con las décadas ha tenido un desarrollo desigual, con cicatrices urbanas y un diseño urbanístico funcional en los años cincuenta y sesenta que provocó el abandono de parte de su población en busca de hogares más modernos. Este proceso ha supuesto que las achacosas construcciones acojan una población envejecida y también un desplazamiento de los viejos habitantes que ha propiciado la llegada de nuevos vecinos , fundamentalmente de rentas bajas y procedentes de la inmigración. Este es el gran valor de un distrito que acoge a más de 34.000 personas, un 15% nacidas fuera de Aragón.

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