Los cocodrilos pasan la mayor parte del tiempo entre el lodo y los ríos, donde su inmovilidad engaña a la presa hasta el último instante. Su aspecto pesado les otorga una falsa apariencia de torpeza , pero cada músculo está preparado para atacar con una velocidad que anula cualquier margen de reacción. Ese comportamiento se asocia a la vida acuática, a emboscadas silenciosas en la orilla y a una paciencia que convierte al agua en su aliada natural.
Sin embargo, nuevas evidencias paleontológicas demuestran que, en el pasado, algunas especies dominaron también el terreno vertical y aprovecharon los árboles como escenario de caza . Esa posibilidad abre una perspectiva distinta sobre su evolución, basada en una agilidad que se creía imposible en un reptil de su tamaño.
Una investigación que reconstruye el comportamiento perdido de un depredador
El estudio fue dirigido por Xavier Panadès i Blas , del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont, quien analizó fragmentos de cáscaras conservadas en el subsuelo australiano. Los restos se atribuyen a cocodrilos mekosuquinos y presentan una microestructura muy bien preservada. Cada lámina observada al microscopio permitió determinar qué animales las habían puesto, el tipo de suelo donde anidaban y las condiciones ambientales de su reproducción. El trabajo, publicado en la revista Journal of Vertebrate Paleontology , describe además una morfología compatible con un comportamiento terrestre y una sorprendente capacidad de desplazamiento entre ramas .

El yacimiento se encuentra en las inmediaciones de Murgon , una localidad de Queensland donde la Universidad de Nueva Gales del Sur lleva décadas excavando capas del Eoceno inferior. Allí aparecieron fósiles que ayudan a reconstruir ecosistemas de hace 55 millones de años, cuando la región era un mosaico de bosques húmedos y cauces poco profundos. La zona ha proporcionado piezas excepcionales y sigue siendo una referencia para estudiar la fauna primitiva del continente.
Algunos ejemplares alcanzaban los cinco metros de longitud y podían esperar agazapados entre las ramas, listos para precipitarse sobre animales que se movían en la superficie . El paleontólogo Michael Archer explicó que “algunos de ellos parecen haber sido cazadores terrestres que se movían entre los árboles”. La escena, más propia de un mamífero depredador, altera la visión clásica del cocodrilo como cazador limitado al agua, donde realmente es rápido. La agilidad que sugiere esa hipótesis redefine su papel en el ecosistema de entonces y amplía el registro de comportamientos posibles dentro del grupo.
La desaparición de los mekosuquinos y su legado evolutivo
En 1983, los investigadores pidieron permiso a los propietarios de un terreno privado para excavar en su jardín, tras detectar indicios de formaciones sedimentarias prometedoras. A partir de aquel primer permiso comenzó un trabajo continuo que ha permitid o identificar fósiles de aves, mamíferos y reptiles de una diversidad excepcional. El hallazgo de los fragmentos de cáscara formó parte de esa serie de descubrimientos que, con el tiempo, han modificado la interpretación del paisaje prehistórico de Queensland .
El análisis microestructural y geoquímico confirmó la composición mineral propia de los huevos de cocodrilos y reveló patrones de crecimiento característicos de especies arborícolas . Los investigadores interpretaron esos datos como prueba de que los mekosuquinos empleaban los árboles tanto para proteger sus nidos como para acechar presas . Esa estrategia les ofrecía ventajas en entornos densos y húmedos, donde el suelo resultaba inestable y las emboscadas aéreas garantizaban un ataque directo.
Los mekosuquinos desaparecieron hace unos 3.000 años. Los estudios asocian su extinción a la reducción de zonas pantanosas y a la expansión de territorios secos que limitaron la fauna de la que dependían. La competencia con otros depredadores terrestres consolidó ese declive. Aun así, las pruebas halladas en Queensland han permitido reconstruir una etapa en la que los cocodrilos también dominaron las alturas, demostrando una adaptación que amplía el conocimiento sobre su pasado.

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