De todas las arquitecturas fantasmas y abandonadas a su suerte en España, pocas como la sombra que se levanta en un paraje único de la geografía canaria. Su historia comienza en los primeros años setenta, en un momento en que Lanzarote se abría al turismo internacional al calor de un urbanismo expansivo, leyes favorables a la inversión extranjera y un clima de optimismo económico que parecía no tener límites.

Y entonces llegó un “visionario”.

Un sueño hiperbólico. En aquel contexto, el empresario alemán Erick Becker imaginó en la costa del Rubicón un complejo turístico gigantesco , compuesto por cinco hoteles, un aparthotel, más de mil doscientos bungalows y una capacidad para cuatro mil personas. La pieza emblemática, el hotel Náutico (rebautizado con los años como Atlante de

See Full Page