La investigación que terminó con el megaoperativo antidrogas en el barrio 30 de Octubre —las conocidas «1008 Viviendas»— se inició de la forma más simple: una denuncia anónima ingresada a la línea 134 del Ministerio de Seguridad. El reporte alertaba que distintos departamentos del complejo estaban siendo utilizados para la venta de cocaína y marihuana. Entre los primeros señalados figuraba L. N. E. (de apellido Espinosa), un joven que realizaba un rudimentario “delivery” a pie y que, según rumores, trabajaba para un jefe mayor.

Esa presunción se confirmó semanas más tarde, cuando la Unidad Fiscal Federal y la División de Investigaciones Especiales de la Policía Federal lograron documentar un vínculo insospechado: el verdadero líder del grupo era C. A. R. (de apellido Rocha), quien manej

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