Desde 1998, la Estación Espacial Internacional (EEI) ha representado un ejemplo de cooperación global y un hito en infraestructura científica . Construida por agencias de Estados Unidos, Rusia, Europa, Japón y Canadá, la estación orbita la Tierra a 400 kilómetros de altura y ha sido hogar de cientos de astronautas durante más de dos décadas. Su creación implicó un enorme esfuerzo logístico y tecnológico, convirtiéndola en una obra maestra de la ingeniería espacial.

La estación ha permitido desarrollar investigaciones en microgravedad imposibles de realizar en la Tierra. Experimentos sobre biología, medicina, física y materiales han generado descubrimientos aplicables al sector científico, médico y tecnológico. Además, la EEI ha servido como plataforma para probar tecnologías clave para

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