En ocasiones la historia nos deja guiños de una ironía tan fina que parecen obra del mejor de los guionistas. Ocurre en Barajas. Allí se alza desde hace más de tres siglos una ermita barroca dedicada a Nuestra Señora de la Soledad, la patrona del distrito. El paso del tiempo y el desarrollo de la zona, marcado por la proximidad del aeropuerto de Madrid, ha hecho que el templo sea un auténtico tributo a eso mismo: la soledad. Al fin y al cabo se alza aislado en mitad de una glorieta.

La pregunta es… ¿Cómo diablos ha llegado ahí?

Un guiño a la historia. En cierto modo la ermita de Nuestra Señora de la Soledad es algo más que un pequeño templo barroco. Es también un recordatorio de un estilo y filosofía de arquitectura religiosa que brilló en su día y se apagó con el paso del tiempo.

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