Estamos a 37º, pedaleamos hacia un horno abierto que nos golpea la cara, la boca se seca de tal manera que la lengua, los dientes y los labios parecen de cuerpos diferentes. Los botellines están vacíos y nos queda medio litro de agua hasta el siguiente pueblo a 20km .Hemos bebido más de 5 litros cada uno y la sed no se aplaca. Las casas que vemos por el camino son de adobe y techos de paja, los negocios no tienen grifo y el colegio está vacío, es festivo. Le pedimos llenar las botellas de agua para poder filtrarla en el grifo del patio. Está candado y la llave la tiene el director. “Si no lo candamos, la gente nos roba el agua”. Hay un depósito en el suelo, como no está en altura han tenido que hacer un agujero porque el grifo está en la parte inferior. En el rato que estamos ahí,

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