Sergio Herrera protagonizó un gesto que no pasó desapercibido al término del encuentro en el campo del Mallorca. Tras el pitido final, el guardameta navarro se quedó unos instantes sobre el césped, observando cómo la afición rojilla, desplazada en buen número hasta Son Moix, seguía animando con la misma intensidad que durante los 90 minutos.
La hinchada navarra, incansable pese al esfuerzo del viaje y las emociones del partido, no dejó de cantar ni de mostrar su apoyo al equipo. Movido por ese compromiso inquebrantable de los aficionados, Sergio comenzó a recoger las camisetas de varios de sus compañeros. Uno a uno, fue pidiéndoselas para poder acercarlas a la grada visitante. Foto: Miquel Borras

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