El peronismo atraviesa una de sus peores crisis de representatividad y liderazgo. La histórica fuerza política se encuentra en un laberinto, enfrentando un momento decisivo que podría marcar el final de un ciclo y el inicio de otro. La situación se complica con la conformación de bloques en el Congreso, que será clave para evaluar la fortaleza del peronismo ante el gobierno de Javier Milei.
La falta de una conducción nacional clara ha llevado a que las negociaciones sean más horizontales, lo que complica aún más el panorama. Cristina Kirchner, ex presidenta y figura central del peronismo, se encuentra en una posición delicada. Enfrenta múltiples causas judiciales y una condena que la mantiene fuera de la contienda electoral, lo que limita su capacidad de liderazgo. A pesar de contar con el apoyo de La Cámpora y otros sectores kirchneristas, su influencia se va reduciendo con el tiempo.
Kirchner ha hecho un llamado a la unidad y a reducir la confrontación, consciente de que una ruptura no beneficiaría a nadie. Sin embargo, hay un creciente consenso dentro del peronismo de que el futuro político podría desarrollarse sin su centralidad. Un referente del peronismo bonaerense advirtió: "A partir del año que viene va a haber muchas tensiones por el rol de CFK. Ella está estirando un ciclo que está agotado".
En este contexto, solo dos dirigentes, Axel Kicillof y Ricardo Quintela, han mostrado disposición a desafiar el poder de Kirchner. Kicillof, gobernador de Buenos Aires, ha profundizado sus diferencias con ella, mientras que Quintela ha buscado acercamientos. La tensión entre estos líderes refleja una creciente necesidad de renovación dentro del peronismo, que busca un nuevo programa político y nuevas caras.
A pesar de que Kirchner ha propuesto discutir temas económicos y laborales, su figura sigue siendo un obstáculo para la aceptación de nuevas ideas. Un histórico dirigente peronista comentó: "Aunque Cristina proponga algo nuevo, si lo propone ella, es imposible que la gente lo acepte". Esto resalta la dificultad que enfrenta el peronismo para adaptarse a un nuevo contexto político.
La relación entre La Cámpora y Kicillof ha cambiado, con Máximo Kirchner criticando a quienes lo consideran un opositor responsable. La desconfianza entre los sectores del peronismo se ha intensificado, y la negociación por el endeudamiento en la provincia de Buenos Aires se ha estancado. Kicillof ha expresado que se han hecho esfuerzos para dialogar, pero la oposición parece obstaculizar el proceso.
El gobierno bonaerense ha propuesto garantizar un 8% del endeudamiento para los municipios, pero enfrenta resistencia de sectores que piden un manejo más burocrático de los fondos. En este clima de tensión, Kicillof y su círculo cercano sienten que están siendo debilitados por la falta de colaboración de otros sectores del peronismo.
Con el año 2026 a la vista, tanto Kirchner como Kicillof son conscientes de que el futuro del peronismo está en juego. La necesidad de un cambio de ciclo es cada vez más evidente, pero la forma en que se llevará a cabo sigue siendo un tema de debate interno. La crisis actual podría ser el catalizador para una transformación necesaria en el movimiento peronista, aunque el camino por delante es incierto y lleno de desafíos.

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