La presencia de tapas de gaseosa colgadas en balcones, terrazas o jardines suele llamar la atención. Aunque a primera vista pueda interpretarse como una decisión decorativa poco convencional, esta práctica responde a una función específica y útil: el control de plagas y el alejamiento de aves que pueden dañar los cultivos.

El mecanismo detrás de este truco casero se basa en la generación de estímulos visuales y auditivos que resultan molestos para los animales. El movimiento de las tapas impulsado por el viento, sumado a los destellos que produce la luz al reflejarse en el plástico, crea un ambiente incómodo. Al detectar estas señales, pájaros e insectos suelen evitar la zona y buscan otros lugares para alimentarse o posarse.

El éxito de esta técnica para disuadir visitantes indeseados e

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