«Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados» (Mt 5, 5).
Esta es la segunda de las ocho bienaventuranzas que nuestro Señor enseñó a sus discípulos en el conocido Sermón del Monte. Ya que la palabra bienaventurado significa dichoso o feliz, es importante establecer que las bienaventuranzas nos presentan un marcado contraste entre la felicidad según Dios y la felicidad según el mundo.
Pero ¿Tiene alguna relación la felicidad con el sufrimiento? ¿Se puede hablar de la felicidad del dolor? ¿A qué clase de sufrimiento y de llanto se refiere Jesús en esta bienaventuranza? Indudablemente está hablando de un dolor real, de un sufrimiento auténtico intenso que ha afectado el corazón el ser humano.
«Muchos psicólogos piensan que el llanto es una forma de comunicación y que,

El Rancagüino
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