“Vivimos entre confrontaciones, muerte y violencia por votar siempre por los mismos”. El miedo y la culpa son un casado con el que tienen que lidiar las comunidades que habitan las zonas más convulsas del país. Lo de alias “Calarcá”, su capacidad para corromper e infiltrar las Fuerzas Militares y la inteligencia del Estado, es solo uno de los hechos que exponen el desgaste de la política de paz del gobierno de Gustavo Petro.

Todo ocurre mientras campesinos e indígenas cargan con la idea de que la responsabilidad de la guerra recae sobre ellos “por votar siempre por los mismos ”.

En 2022, el presidente prometió desactivar la guerra; hoy, a ocho meses de concluir su mandato, las cifras evidencian lo contrario. La violencia se expandió, los grupos armados se fortalecieron y la apuesta p

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